Después de lo ocurrido el 13 de
marzo, con la captura de El burro, las autoridades comenzaron la búsqueda de
los dos ladrones cabecillas de la banda delincuencial. Al principio, el 14 de
marzo a las 10:00am en la sala de
interrogatorio, el animal y cómplice de los robos no dijo nada, no respondió ninguna
pregunta, no se inmutó. Solo se limitó a escuchar, mientras que sus lágrimas se
confundían con el agua que bebía, brindada muy amablemente por las autoridades.
Al pasar una hora El burro ya no aguantó más. Decidió contar que esos ladrones lo
secuestraron en el campo un lluvioso mes de noviembre. Se lo llevaron a un garaje
oscuro y frío, donde pasó horas de hambre y donde lo obligaron a trabajar para
ellos. Los especialistas en interrogación de la policía se dieron cuenta que el
burro era tan solo una víctima y que estaría dispuesto a entregar a sus
victimarios. Así fue, después de 15 minutos El burro empieza a “hablar” e
informa el lugar donde los ladrones tienen su guarida. Enseguida dos de los
policías, muy bien entrenados para este tipo de situaciones, se montan en una
camioneta en busca de los ladrones. Llegan a tiempo, pues estaban a punto de
fugarse de nuevo. Los interceptan, vuelan un par de puños y patadas y
finalmente los montan a la camioneta con dirección a la policía. Al llegar allá
el enfrentamiento entre El burro y los ladrones confirma las sospechas y los
datos que el animal dio anteriormente. Finalmente El burro sale libre y los dos
ladrones deben pagan una condena de 30 años de cárcel.
Lo que nadie supo, y nosotros sí por fuentes
confidenciales varios meses después, es que El burro era el cabecilla de la
banda y manipuló todo. Logró timar a la policía y a los jueces. Resulta que
hubo un cambio de roles, El burro no era burro, al contrario de lo que se cree,
fue el más inteligente.
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