martes, 18 de marzo de 2014

Las apariencias engañan. Final

Después de lo ocurrido el 13 de marzo, con la captura del burro, las autoridades comenzaron la pesquisa de los dos ladrones cabecillas de la banda delincuencial. Al principio, el 14 de marzo a las 10:00am  en la sala de interrogatorio, el animal y cómplice de los robos no dijo nada, no respondió ninguna pregunta, no se inmutó. Solo se limitó a escuchar, mientras que sus lágrimas se confundían con el agua que bebía, brindada muy amablemente por las autoridades. Al pasar una hora el burro ya no aguantó más. Decidió contar que esos ladrones lo secuestraron en el campo un lluvioso mes de noviembre. Se lo llevaron a un garaje oscuro y frío, donde pasó horas de hambre y donde lo obligaron a trabajar para ellos. Los especialistas en interrogación de la policía se dieron cuenta que el burro era tan solo una víctima y que estaría dispuesto a entregar a sus victimarios. Así fue, después de 15 minutos el burro empieza a “cantar” e informa el lugar donde los ladrones tienen su guarida. Enseguida dos de los policías, muy bien entrenados para este tipo de situaciones, se montan en una camioneta en busca de los ladrones. Llegan a tiempo, pues estaban a punto de fugarse de nuevo. Los interceptan, vuelan un par de puños y patadas, y finalmente los montan a la camioneta en dirección a la policía. Al llegar allá el enfrentamiento entre el burro y los ladrones confirma las sospechas y los datos que el muy animal dio anteriormente. Finalmente el burro sale libre y los dos ladrones deben pagan una condena de 30 años de cárcel.

 Lo que nadie supo, y nosotros sí por fuentes confidenciales varios meses después, es que el burro era el cabecilla de la banda y manipuló todo. Logró timar a la policía y a los jueces. Resulta que hubo un cambio de roles, el burro no era burro, por el contrario de lo que se cree, fue el más inteligente.

Alias "El burro"

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